Lograr un impulso sostenido para financiar la adaptación ha resultado difícil. La financiación pública internacional para la adaptación disminuyó de 28 mil millones de dólares estadounidenses en 2022 a 26 mil millones en 2023, mientras que se estima que las necesidades de adaptación de los países en desarrollo alcanzarán entre 310 y 365 mil millones de dólares estadounidenses anuales para 2035. A menos que se reviertan las tendencias actuales, la financiación mundial para la adaptación seguirá sin alcanzar ni los objetivos internacionales ni las necesidades reales.
A pesar de estos desafíos, el panorama del financiamiento para la adaptación está evolucionando y ofrece cada vez más oportunidades para la innovación y la colaboración. Los préstamos y donaciones en condiciones favorables siguen siendo la columna vertebral del financiamiento para la adaptación, representando 701 TP3T de los flujos destinados a este fin en el período 2022-2023. Estos instrumentos son fundamentales para satisfacer las crecientes necesidades y permitir que las economías vulnerables accedan al financiamiento sin agravar su endeudamiento. Los bancos multilaterales de desarrollo (BMD) continúan desempeñando un papel protagónico en la prestación de este apoyo, proporcionando 571 TP3T de financiamiento público internacional para la adaptación. Al aprovechar los recursos en condiciones favorables y combinarlos con otros instrumentos, los BMD contribuyen a reducir el riesgo y ampliar las inversiones en adaptación, además de atraer a nuevos socios.
Mientras tanto, las contribuciones del sector privado siguen siendo limitadas, situándose en US$1.400 millones anuales. Con políticas específicas y mecanismos de reparto de riesgos como la financiación combinada, el informe AGR 2025 sugiere que la inversión privada podría multiplicarse por diez, superando los US$1.400 millones anuales para 2035, lo que podría cubrir hasta 201.300 millones de las necesidades mundiales de adaptación. Sin embargo, se prevé que las contribuciones del sector privado sigan concentrándose en los países de renta media-alta y en sectores comercialmente atractivos, lo que podría agravar las desigualdades en el acceso a la financiación para la adaptación.
Resulta alentador que estén surgiendo mecanismos financieros innovadores para ampliar la inversión en adaptación. Sin embargo, a pesar del aumento de las oportunidades para movilizar nuevas fuentes de financiación, el acceso sigue siendo muy desigual, y persisten barreras estructurales y sociales que impiden a muchos países y comunidades vulnerables obtener los recursos que necesitan.
